25 de julio de 2012

Ejercicios para el Alma

Mientras envejecemos, notamos como vamos perdiendo capacidades físicas -y más tarde mentales... Es parte de la vida, desde que nacemos empezamos a envejecer, y a caminar hacia nuestra muerte física... Temas que a muchos no les gusta conversar o incluso pensar mucho, pero que forman parte indisoluble de nuestras existencias.

Por supuesto, que hay muchas maneras de envejecer. Y también maneras de disminuir el envejecimiento. Ejercicios físicos, dietas, terapias anti-estrés, píldoras "maravillosas", expertos... Algunas de estas prácticas son verdaderamente una ayuda para nuestro cuerpo, otras son puro invento del mercantilismo... 

El problema es que la mayoría de las veces ni tiempo tenemos para estas cosas, abrumados como estamos (o como nos sentimos) con las prisas y complicaciones de la vida. Al menos esas son las excusas que usamos, para justificarnos a nosotros mismos que no estamos "en forma", que nos falta el aire si tenemos que correr un poquito, que hemos engordado unos kilos de más, que necesitamos comer aquel dulce...

Pero si fuéramos capaces de perseverar en el esfuerzo de ejercitar más nuestro cuerpo, aunque sólo fuera por unos minutos al día, veríamos tremenda mejora. La diferencia entre estar en forma o no es, al final, un tín de perseverancia y esfuerzo. No se necesitan grandes pasos, en tanto seamos capaces de avanzar un poquito todos (o casi todos) los días.

Igual nos pasa con nuestra vida espiritual. La diferencia entre una mediocre vida de fe y una vida más llena de Dios es pequeña. Si tan sólo nos decidiéramos a esforzarnos un milímetro más... 

11 de junio de 2012

Para llenar las espera

Todavía estamos en la espera-discernimiento de cómo seguir el blog. Por un momento pensamos apresurarnos por el aquello de "mantener la productividad" (es decir: seguir poniendo entradas con cierta frecuencia). Pero realmente los números no son lo más importante. Así que seguimos rezando y confiando que Dios nos mostrará por dónde seguir. Mientras tanto, compartimos hoy un escrito que nos enviara una de nuestras más fieles lectoras. Nos lo envió por otra razón, pero nos pareció apropiado para compartir con todos en estos momentos en que nosotros también necesitamos una chispa que nos anime. Así que los dejamos con este hermoso mensaje, adornado por bellísimos dibujos. [NOTA: Ignoramos la fuente original, pero desde aquí le agradecemos de corazón al autor/autora del mismo].


COMO MANTENERSE JOVEN   

1. Elimine los números que no son esenciales. Esto incluye la edad , el peso y la altura..
Deje que los médicos se preocupen de eso.



21 de mayo de 2012

Después de un receso

Hace varios días que no ponemos ningún escrito en nuestro blog. Y queremos disculparnos por esto. Un número de razones explica el hecho, pero no creemos importante detenernos en detalles personales de nuestras vidas para justificar la escasez de escritos. Tampoco el número de escritos en sí mismo es una meta de nuestro blog. 

La principal razón de no haber escrito más es una pregunta que nos hemos varias veces a nosotros mismos (especialmente Jose). Una pregunta a la que todavía no hemos encontrado respuesta. Así que todavía estamos "machacándonos" tratando de encontrar una luz a esta incertidumbre.

Cuando empezamos a escribir este blog (idea de Tere), en Diciembre de 2010, nuestra principal motivación fue compartir acerca de lo que habíamos vivido como católicos en Cuba (hasta que salimos de allí en Abril del 2006). Y aún tenemos muchas cosas que escribir y compartir sobre esa etapa de nuestra vida.

Pero entonces nos fuimos dando cuenta de que nuestras historias probablemente no eran muy útiles, al menos en el sentido de que eran "aguas pasadas", y ya no reflejaban las vivencias de los cubanos católicos que aún permanecen en Cuba. Por eso empezamos a compartir más historias de nuestro caminar personal -ya fuera en Cuba o en Canadá- porque nos parecía más pertinente. A fin de cuentas, el título del blog, "Ven con nosotros a caminar", nos parecía lo suficientemente abierto como para acomodar muchas aristas, historias y reflexiones. 

7 de mayo de 2012

Flores de Mayo y otras Maravillas de la Naturaleza

El mes de Mayo, tradicionalmente considerado como mariano por muchos en la Iglesia Católica, es también un mes de especial significado para las Salesianas y Salesianos. Las fiestas de Santo Domingo Savio (6 de Mayo), Madre Mazzarello (13 de Mayo, coincidiendo con la celebración de Nuestra Señora de Fátima), y María Auxiliadora (24 de Mayo) ciertamente adornan el calendario del mes para la gran familia de Don Bosco. Para los niños y/o jóvenes de la época (años 70s y 80s del pasado siglo, en nuestra parroquia del Carmen en Santa Clara), era sin dudas un tiempo diferente. Entre la cercanía de las vacaciones de verano, las fiestas salesianas y la celebración de María durante todo el mes, el tiempo pasaba rápido y cargado de actividades.

Una de las cosas singulares que recuerdo es la celebración de “las flores de Mayo”, una tradición de nuestra parroquia –que no sé si también es tradición en algún otro lugar. La idea era que cada día se reflexionaba sobre una virtud diferente –representada por una flor sobre la que se leía un sencillo comentario en versos. Estos poéticos comentarios habían sido escritos por el Padre José Vandor como una manera sencilla e innovadora de introducir el aprecio de distintas virtudes cristianas durante el mes. En un reciente libro sobre la vida y obra del Padre Vandor se comenta más sobre esta piadosa práctica, así que no vamos a abundar mucho en detalles sobre la misma (pero si alguien estuviera interesado nos puede escribir al blog para preguntar sobre el tema).

Yo salí de Santa Clara en 1989 y nunca más volví a vivir en esa ciudad, aunque la visitaba al menos cinco veces al año para ver a mi familia y amigos allí. En las otras ciudades en que he vivido no he visto tradición semejante. También ignoro si actualmente se mantiene la práctica en la parroquia santaclareña del Carmen (o en cualquier otro lugar), aunque me gustaría saber si alguien tiene información sobre la misma.

De todos modos, como biólogo, la idea de combinar la contemplación de la naturaleza con la fe (y con las prácticas de fe) me parece bien interesante y atractiva. La naturaleza puede ser una fuente de acercamiento a Dios (¡y debería serlo más!). Lo que pasa es que con tantas tecnologías modernas muchas personas se han desconectado de la naturaleza y de sus ciclos de vida. Mientras más avances y “aparatos” tenemos a nuestra disposición más nos enajenamos del contacto con la naturaleza –de la cual formamos parte y estamos llamados a proteger… otro tema que abordaré en un futuro cercano, si Dios quiere.

30 de abril de 2012

Ejercicio de Humildad

Hace un par de meses tuvimos la oportunidad de ver una magnífica presentación sobre las dimensiones del Universo. Aunque el texto está en Inglés, la traemos hoy para compartirla aquí con los lectores de nuestro blog. Estamos seguros que no se van a arrepentir de verla, pero permítannos explicar más de qué se trata.

Los autores, con extraordinario talento para presentar elementos científicos de manera sencilla y accesible a cualquiera (con independencia de sus conocimientos), han logrado algo extremadamente inteligente y original.

La premisa es sencilla: en la pantalla aparecen elementos cotidianos y (la mayoría) conocidos por todos, comenzando con la figura de un ser humano. Cada uno de los elementos presentados se acompaña por una escala de medida que muestra el tamaño real del elemento en cuestión.

En el extremo inferior de la pantalla se halla un botón que, al moverlo hacia la derecha aumenta le escala de la presentación, y al moverlo hacia la izquierda la disminuye. Por ejemplo, si se avanza hacia la derecha, aparecen las imágenes de una jirafa y de un elefante, si se sigue moviendo el botón aparece un dinosaurio y una ballena, un avión, las pirámides de Egipto, etc. Si, por el contrario, se mueve el botón hacia la izquierda, se ve una pelota de baloncesto, un huevo, un fósforo, una hormiga, un grano de arena, etc. Cada vez que se avanza, hacia lo pequeño o hacia lo grande, aparecen círculos mostrando la escala del tamaño (por ejemplo: 1 metro, 1000 metros, etc). 

22 de abril de 2012

Un Son que no se olvida


Luego de solucionar, más o menos, los desperfectos técnicos del blog, tratamos de continuar nuestros esfuerzos en el mismo. Aunque, para ser honestos, hoy no escribimos nosotros, sino que compartimos una historia que nos mandó desde Cuba nuestro hermano Bartolo E. Ugalde Ramírez. Una vez más: gracias Bartolo por enriquecernos con tus sentidas crónicas de la parroquia manzanillera. ¡Y muchas gracias también a Salvador (Salvito) Galliano Garay a y Carola (Cari) Yaque por compartir con nosotros fotos del momento!

Un son que no se olvida (crónica sobre la visita del Padre Aguedo a Manzanillo, Diciembre de 2011).

Con una sorprendente asistencia, en particular de casi todos los que un día compartimos con el padre Águedo cuando fuera nuestro párroco entre 1970 y 1977, y con la lucida presencia del coro Santa Cecilia, participamos en la Santa Misa presidida por él, junto a otros dos frailes, uno de ellos el Superior General de la Orden en Cuba.

 
El Padre Aguedo con algunos hermanos de la comunidad de Manzanillo. El primero a la izquierda, con una gorra, es Bartolo, autor de este escrito (y a quien su modestia nunca le permitiría señalarse, así que nosotros lo hacemos por él).
Una vez terminada la Eucaristía me dirigí al Padre para felicitarlo por la homilía tan sencilla y profunda que sin lugar a dudas nos había regalado aquella grata mañana navideña, pero él, como podía haberme imaginado anticipadamente, me esquivó levantando su brazo en señal de total desacuerdo. Pienso que él no se creyó merecedor de mi elogio sincero por su gran humildad, sin embargo lo cierto es que supo hacerlo con mucha sabiduría, respaldada ésta por el peso de una vida sacerdotal de más de 50 años. Yo no oía sus sermones desde aquellos pasados años, cuando el sacerdote de unos 40 años aún no había alcanzado la madurez espiritual de hoy ni yo, su feligrés veinteañero, la experiencia para saborear sus enseñanzas. 

Mi  reencuentro con el padre Aguedo o Aguedito como solían llamarle sus más cercanos de la comunidad ha sido para mí un suceso muy positivo. Espero que también para él el haber vuelto sobre sus huellas, después de tanto tiempo, a su antigua parroquia de la Purísima Concepción de Manzanillo. La única visita que él recuerda fue muy breve en el año 1992 a propósito de la ordenación episcopal del padre Carlos Baladrón.

El mensaje de su predicación, además bajo el efecto de no pocas emociones, no pudo ser más afín a la fiesta de San Juan evangelista, el 27 del último mes del año, con los temas predilectos del discípulo amado, algunos de una u otra forma abordados por el amigo sacerdote con la simplicidad que lo distingue. Si queremos ser testigos de la luz tenemos que amar, perdonar, acoger, comprender… 

El padre Aguedo con el casi centenario Nono Escala, uno de los pilares históricos de la parroquia manzanillera.

Ya al término de su predicación nos narró una anécdota, un recuerdo suyo entre tantos, de cuando él estaba con nosotros. El y otro hermano de la comunidad, a quien todos los de aquella época recordamos bien, se habían pasado una mañana completa, bajo el sol, trabajando duro para tratar de resolver un grave problema: ¡No había agua en la casa parroquial! Desarmaron y armaron varias veces la turbina pensando que el problema estaba allí, chequearon tuberías, etc. y nada. Dados por vencidos y agobiados, se despidieron, el padre subió a su habitación y el hermano se fue a su casa hasta un nuevo intento. Y nos narra el sacerdote que estando en su cuarto y no pudiendo conciliar el descanso se le alumbró el bombillo…  bajó corriendo las escaleras y al destapar la cisterna vio que estaba seca. Y lo que ocurría era que un pequeño “palito” trababa el flotante, impidiendo que el agua fluyera al depósito. Solo tuvo el padre que quitar el pequeño obstáculo y en el acto la cisterna comenzó a recibir a la útil, humilde, preciosa y casta hermana. Y apuntaba el sacerdote en su sermón que así suele pasar en la vida. A veces basta que hagamos algo muy sencillo, hasta mecánico, para hacer que las relaciones de amor fluyan, que las personas sientan que son más que meros seres humanos. Una sonrisa, una palabra de cariño, un perdón, un apretón de manos. A veces queremos hacer algo grande, llamativo pero no es necesario, basta un detalle, mínimo, algo fácil, nada complicado para que al agua del amor fluya y llene la vida de esos hermanos a los que muy probablemente nosotros mismos hemos ahuyentado con nuestras actitudes de prepotencia, con una palabra dura o un NO tajante. 

Yo hubiera querido grabar ese mensaje. Así se lo comenté a Salvito Galliano que estaba a mi lado en el primer banco y me dio su aprobación. No es igual que yo lo escriba ahora con mis palabras.

El padre Aguedo de la Orden de los Frailes Menores fue y es una persona sumamente original, cura campechano, buen cubano que fumaba tabaco (ya no, pues se lo quitó el médico) y jugaba dominó (ya no pues dice que no tiene con quien) con su boina que a mí me recuerda que hizo estudios en España, siempre jaranero y que, gracias a Dios, sigue teniendo a Manzanillo como punto de referencia y muy dentro de su corazón. El lo dijo al comenzar su homilía, lo ratificó el Superior General antes de la bendición y el propio padre Aguedo lo acuñó cuando expresó, ya saliendo del presbiterio y adelantándose al canto final. “Ahora lo que hay que cantar es en Manzanillo se baila el son…” (copla popular manzanillera), haciendo así reír con él a toda la Asamblea. Visitó, además de la Purísima, las comunidades de la Costa donde también fue sacerdote.

Y se fue, sin despedida, hacia su actual comunidad de San Antonio en Miramar (Ciudad de La Habana), a las 4 de la madrugada en el microbús que lo trajo. ¡Gracias por tu visita, fray Aguedo!

16 de abril de 2012

Revisando mi Cuenta de Correo Electrónico


Uno de esos días que uno se levanta con deseos de "arreglar" y "limpiar" tantas cosas pendientes, me puse a revisar mi cuenta de correo electrónico. ¡Había tantos correos basura que borrar para siempre! O tantos otros correos secundarios, ligados a algún intercambio transitorio ("te mandé tal cosa, dime si lo recibiste", o "¿se mantiene que nos reunimos a las 3?"). Muchos, muchos correos. Demasiados. Demasiado tiempo redactándolos, leyéndolos, archivándolos. Y ahora, empleando más tiempo decidiendo cuáles borrar, cuáles dejar, y cuáles no sé si deban guardarse "por si acaso"...

Claro, también había muchos correos buenos. Con mensajes que llegaron al corazón, o nos inspiraron en un momento determinado. Con buenas noticias de amigos y seres queridos. Con historias de sus vidas, de sus preocupaciones, de sus sueños, de sus triunfos y fracasos. Historias que son también parte de mi vida, al igual que esos viejos amigos.

Mirándolo bien, este revisar viejos correos es como ir de vuelta a momentos pasados. Como leer un antiguo diario, o ver fotos de familia, o recordar hechos anteriores de nuestra vida... ¿Quién iba a imaginarse que, en estos tiempos de "carrera" y agitación constantes uno pudiera encontrar paz y alegría al revisar viejos correos electrónicos?

Y entonces me di cuenta, con pena, de cuántos buenos amigos están en mi lista de correo electrónico pero hace rato que no les escribo. Muchas excusas pudiera mencionar (y de hecho algunas son perfectamente válidas). Pero, generalmente, si uno se siente mal por no haberle escrito a alguien es porque probablemente debió haberlo hecho. Así que las excusas se vuelven sólo eso: justificaciones de por qué hemos fallado en algo.

En estos días de Pascua pienso en todos estos amigos especialmente. Tere, que es mucho más cuidadosa que yo, y más llena de detalles hacia todas las personas, ha estado enviando felicitaciones pascuales a algunos de estos grandes y viejos amigos nuestros. Pero yo no he hecho nada... todavía. Así que este escrito es mi desesperado y atrasado intento por llegar a TODAS esas personas tan importantes en nuestras vidas. 

Y lo mejor que se me ocurre decirles a todos Uds en estos momentos, lo tomo prestado de uno de mis pasajes favoritos del Nuevo Testamento, cuando Jesús le pregunta tres veces a Pedro si él lo ama (Juan 21: 17): "...Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo..."
Esta es de hecho mi oración favorita: "Señor, tú lo sabes todo", porque creo que expresa en sí misma el reconocimiento de nuestras limitaciones y nuestro pecado, el dolor de saber que hemos fallado (como Pedro). Pero también es una muestra de arrepentimiento sincero, además de ser una sencilla manifestación de fe: "Tú sabes que te amo". A pesar de nuestras faltas y caídas, nosotros de todos modos queremos amar a Dios y le buscamos desde nuestra imperfección.

Con esos mismos sentimientos, me dirijo a estos buenos amigos a los que todavía les debo correos. Uds lo saben todo, y Uds saben que los amo...

Y al querido lector que se ha acercado ahora a este blog, una sugerencia desde el corazón. Si como yo estás atrasado en escribir a tus amigos, deja de leer nuestro blog y envíale a esas personas importantes en tu vida un mensaje de afecto y cercanía. Preferimos que el tiempo empleado en leernos lo utilices mejor en acercarte a tus viejos amigos. Ellos son más importantes.

Por último, si quieres refrescar tu mente y dejarte llevar por los recuerdos de lo que has vivido con esas personas importantes en tu vida, te invitamos a que disfrutes la siguiente canción de Martín Valverde: Los Viejos Amigos

¡Y, aunque atrasados, les deseamos a todos felices Pascuas!

7 de abril de 2012

Dos acercamientos al Rostro y a la Mirada de Jesús

En estos días de Triduo Pascual no queremos entorpecer a los que se acercan a este blog con nuestras limitadas reflexiones. Más bien queremos compartir escritos de personas con mayor profundidad espiritual, los cuales expresan mucho mejor el sentir de estos días.

Desde esta perspectiva, traemos hoy dos reflexiones sobre el Rostro de Jesús. La primera es de Jesús Losada, poeta y traductor español. [Muchas gracias al diácono José Agustín Alemán, en Miami, por enviarnos este hermoso escrito].

El segundo acercamiento es un relato titulado "La mirada de Jesús", tomado del libro "El canto del pájaro", del sacerdote indio Anthony de Mello. Es uno de esos textos que tocan el corazón de cualquiera, y ha sido un favorito nuestro por muchos años. [Estamos conscientes de la controversia sobre los escritos del P. Mello, algo de lo cual hablaremos en otra ocasión en el blog, pero por hoy basta con dejar que este magnífico relato nos cale en lo profundo].

Jesus Losada
Queridos amigos:

Hace varios años que el filósofo judío Levinas me ayudó a caer en la cuenta de lo que significa el rostro humano. Es la parte de nuestro cuerpo que nosotros nunca podemos ver directamente. Y, sin embargo, la parte que los demás ven. Más aún: el rostro es como una concentración de nuestro cuerpo entero para los demás. Son los demás quienes nos dicen: "Te veo hoy con mala cara" o "Tienes buena cara". Nuestro rostro es la ventana por la cual se comunica lo que somos. Comunican nuestros ojos y comunican nuestros labios. Una frente fruncida es señal de preocupación. Unos labios apretados indican rabia. Una sonrisa transmite alegría.

Si el rostro es un concentrado de humanidad, ¡qué fuerza adquieren las palabras del profeta Isaías ("No oculté el rostro a insultos y salivazos") o las del Salmo 68 ("La vergüenza cubrió mi rostro")!

Junto al sentido del oído, hoy ponemos a punto también el sentido de la vista para contemplar el rostro de Jesús durante los próximos días. Se trata de un mapa en el que están registrados los gozos y sufrimientos de todos los hombres.

En vísperas de su muerte, el rostro de Jesús resume la entera trayectoria de su vida terrena: sus largos años de laboratorio nazareno y sus pocos meses o años de itinerancia misionera por tierras de Galilea y de Jerusalén.

¿Cómo veían el rostro de Jesús sus discípulos cuando le preguntaban, uno tras otro, incluido Judas, la pregunta del millón: "¿Soy yo acaso, Señor?". ¿Verían preocupación, rabia, frustración, derrota? ¿O verían un rostro luminoso, sobrecargado de amor en cada una de sus millones de células?

"Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro". Esta es la súplica que brota en un día como hoy en el que millones de personas se ponen en camino hacia los lugares donde van a pasar los días del Triduo Sacro.

¿Se puede vivir el triduo sacro estando de vacaciones? ¿Se ha
convertido la Semana Santa en un simple período vacacional, salpicado con algún rito folclórico religioso a modo de relleno para tranquilizar la conciencia? Quizá podemos responder con sencillez. Se puede vivir el triduo sacro en cualquier lugar... con tal de que no tengamos miedo a buscar y contemplar el rostro de Cristo. No importa tanto el lugar cuanto el coraje de dirigir nuestros ojos a ese rostro cubierto de insultos y salivazos y, sin embargo, hermoso, radiante, perdonador. Ese rostro se muestra en la liturgia de la iglesia y se muestra en las personas sufrientes que, sin duda, iremos encontrando. 

Por mucho derecho que tengamos al descanso, no podemos mirar en otra dirección, porque en el familiar con problemas o en el que nos sirve en un hotel podemos descubrir al Cristo que sigue sufriendo hoy. Volver la espalda a esos rostros tan reales es volver la espalda al Cristo que nos mira.

"Oculi nostri ad Dominum Jesum" canta la liturgia. "Nuestros ojos están vueltos al Señor Jesús". Ojalá podamos aguzar la vista para contemplar este rostro en cualquier lugar en el que nos encontremos durante los próximos días.

Anthony de Mello
La Mirada de Jesús

En el Evangelio de Lucas leemos lo siguiente:

Le dijo Pedro: "¡Hombre, no sé de qué hablas!"

Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo y el Señor se volvió y miró a Pedro…

Y Pedro, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.

Yo he tenido unas relaciones bastante buenas con el Señor. Le pedía cosas, conversaba con Él, cantaba sus alabanzas, le daba gracias… Pero siempre tenía la incómoda sensación de que Él deseaba que le mirara a los ojos… cosa que yo no hacía. Yo le hablaba, pero desviaba mi mirada cuando sentía que Él me estaba mirando.

Yo miraba siempre a otra parte. Y sabía por qué: tenía miedo, pensaba que en sus ojos iba a encontrar una mirada de reproche por algún pecado del que no me hubiera arrepentido. Pensaba que en sus ojos iba a descubrir una exigencia; que había algo que Él deseaba de mí.

Al fin, un día, reuní el suficiente valor y lo miré. No había en sus ojos reproche ni exigencia. Sus ojos me decían simplemente con una sonrisa: "Te amo". Me quedé mirándolo fijamente durante largo tiempo. Y allí seguía el mismo mensaje: "Te quiero"... Y, al igual que Pedro, salí fuera y lloré.