Cuando yo empecé mis estudios universitarios en Santiago de Cuba, los católicos éramos una verdadera minoría, y nos podíamos contar con los dedos de una mano. No es una metáfora ni una exageración: en Septiembre de 1989 habíamos cuatro católicos en la beca de Quintero, perteneciente a la Universidad de Oriente. Ese centro de estudios tenía entonces –de acuerdo a los datos que nos dijeron en la primera semana del curso- unos dos mil estudiantes. Entre ellos, y representando apenas 0.2 %, estábamos nosotros: Tere, de Manzanillo, estudiando el 5to año de Farmacia; Caco, de Las Tunas, estudiando Química (su nombre real era Armando, pero todo el mundo lo conocía por ese apodo); Castor, de Camagüey, estudiando el 1er año de Matemáticas; y yo, de Santa Clara, comenzando en Biología.
Sobra decir que las relaciones entre nosotros eran como de hermanos, al ser tan pocos nos conocíamos bien y compartíamos muchas experiencias. Juntos asistíamos al grupo de jóvenes universitarios de la ciudad de Santiago de Cuba (que incluía estudiantes de los demás centros universitarios de la ciudad, en total seríamos cerca de una veintena o cosa así). Juntos participábamos de Convivencias, Retiros, Pascuas Juveniles, paseos. Juntos discutíamos muchísimo (especialmente Castor y yo… pero ésa es otra historia). La vida siguió su rumbo más allá de la Universidad, pero de alguna manera todos seguimos juntos. Tere y yo nos hicimos novios en Santiago, y luego al casarnos le pedimos a Caco y Castor que fueran testigos de nuestra boda. Castor no pudo venir –por esas “cosas” del transporte en 1993- pero pocos años después, siendo sacerdote, visitó Manzanillo y bendijo nuestra casa. Hace años que no tenemos noticias directas de Caco y Castor, pero, dondequiera que estén y cualquiera que sea su vida, desde aquí les mandamos un abrazo.
Sobra decir que las relaciones entre nosotros eran como de hermanos, al ser tan pocos nos conocíamos bien y compartíamos muchas experiencias. Juntos asistíamos al grupo de jóvenes universitarios de la ciudad de Santiago de Cuba (que incluía estudiantes de los demás centros universitarios de la ciudad, en total seríamos cerca de una veintena o cosa así). Juntos participábamos de Convivencias, Retiros, Pascuas Juveniles, paseos. Juntos discutíamos muchísimo (especialmente Castor y yo… pero ésa es otra historia). La vida siguió su rumbo más allá de la Universidad, pero de alguna manera todos seguimos juntos. Tere y yo nos hicimos novios en Santiago, y luego al casarnos le pedimos a Caco y Castor que fueran testigos de nuestra boda. Castor no pudo venir –por esas “cosas” del transporte en 1993- pero pocos años después, siendo sacerdote, visitó Manzanillo y bendijo nuestra casa. Hace años que no tenemos noticias directas de Caco y Castor, pero, dondequiera que estén y cualquiera que sea su vida, desde aquí les mandamos un abrazo.