Corría el año 1987 y por mi comunidad del Carmen en Santa Clara pasaba la Cruz Peregrina del V Centenario de la Evangelización. Es bueno recordar que éstas fueron unas cruces que el Papa Juan Pablo II entregó a las Conferencias Episcopales del continente americano, para que peregrinaran por todas las diócesis durante el novenario (1984-1992) en preparación para la celebración de los 500 años de la llegada del Evangelio a tierras del "Nuevo Mundo". En el caso de Cuba, la cruz se paseó prácticamente por todos los templos del país, y en nuestra parroquia en particular la tuvimos una semana completa.
Fue ésa una semana preparada con mucho esmero y deseo por los miembros de la comunidad. Cada noche había una misa, animada por un grupo diferente, y las ceremonias de recibimiento y despedida de la Cruz fueron "grandes celebraciones" -al menos grandes desde la pequeña escala a la que estábamos acostumbrados en esa época en Cuba. En el momento que la Cruz llegó a Santa Clara, estaban todavía frescos los ecos del ENEC (Encuentro Nacional Eclesial Cubano, Febrero de 1986). La Iglesia Católica en el país experimentaba un lento y modesto depertar, después de años de ostracismo y persecución -persecución a veces abierta, otras encubierta...
Por eso no fue extraño ver que el templo "se llenara" de personas, algo que dos años atrás hubiera parecido imposible. La "marea alta" de cubanos volviendo a la Iglesia (o al menos mostrando un interés en ella) apenas comenzaba; el pico se alcanzaría a principios de los años 90, con el advenimiento del tristemente célebre "Período Especial"... Pero nosotros no teníamos ni la más mínima idea de lo que se nos avecinaba, así que por el momento disfrutábamos de ese instante de "celebridad" y "fama" en que de pronto se veía envuelta la Iglesia -y por ende sus miembros, que hasta hacía poco éramos considerados como parias en aquella sociedad abiertamente atea.




