20 de diciembre de 2010

OLORES Y MÚSICAS: PRIMERA PARTE

Seguramente se preguntará algunos: ¿Qué título es ese para un comentario en este blog sobre la Iglesia Católica en Cuba? ¿Se trata de algún "spam" o algún anuncio comercial? ¿Es que ya no saben qué escribir aquí...? Bueno, en realidad sí se trata de un comentario "normal" del blog. Déjennos explicarnos a ver si se convencen.
Probablemente a muchos de Uds. les ha pasado que al sentir determinado olor una serie de recuerdos personales vienen a la mente. Son mecanismos neuronales que se desatan de momento, inesperados y no planificados. Igual nos pasa al escuchar una melodía: ¡puede traernos tantas remembranzas! En este comentario queremos compartir sobre olores y melodías que nos traen recuerdos de la Iglesia en Cuba (bueno, esto nos pasa al menos a nosotros, a lo mejor a algunos de Uds. también).


Sin dudas, el olor más típico y "exclusivo" de la Iglesia es el del incienso. ¿Quién no recuerda este agradable y dulzón olor, reservado para las celebraciones más significativas o importantes durante el año? Apostamos que, con solo cerrar los ojos, Uds. podrían traer de vuelta este recuerdo a sus mentes.

Menos fuerte, pero igualmente típico, es el olor del templo cerrado. Cuando, por ejemplo, pasaba uno a visitar el Santísimo a una hora que no había misa. O cuando, por cualquier otra razón, entraba uno al templo cuando no había personas (o había muy pocas). Ese olor de los bancos de madera y las flores del altar se mezclaba con el silencio del momento para hacerlo verdaderamente especial.

Más difícil de definir es el "olor de la Sacristía" (¡si alguien sabe cómo definir este olor por favor que nos lo diga!). Para nosotros era como una mezcla del olor almidonado de las sotanas y casullas limpias, mezclado con el vino que estaba en las vinajeras, y el olor de jabón que había en el lavamanos de la Sacristía (especialmente el "famoso" jabón Nacar cubano).

Otros olores más sutiles o pequeños que nos vienen a la mente: el olor de los viejos cantorales (hechos con papeles tan viejos y que siempre estaban amarillos). O el de las cajas guardadas con los adornos de Navidad y nacimiento (cuando se sacaban en Adviento). El olor del "guano bendito", usado una vez al año en el Domingo de Ramos. O el de las viejas estampitas, medallitas, rosarios y otras "reliquias" que se conservaban en las parroquias de tiempos anteriores y que nos entregaban en la Catequesis. El aroma a benceno de los "plumones" (o "marcadores", como se diría ahora), que se utilizaban para preparar los murales del templo -en esa época los plumones no se usaban en las escuelas ni se vendía en las tiendas, por tanto, nosotros asociamos este olor con la Iglesia, al menos en los años 70 y 80.

Un olor menos difundido, pero seguramente conocido por muchos cubanos, es el del Camerino de la Virgen en su santuario del Cobre. Cualquiera que ha estado allí recuerda ese penetrante olor de muchos tipos de flores a la vez, resultado de las variadas y numerosas ofrendas a la Virgen.

No es posible, al menos con el desarrollo tecnológico actual, proporcionarles un "vínculo de Internet" a estos olores... Pero las palabras aquí escritas quizás puedan "hacer click" en sus mentes y traerles esos recuerdos...

La buena noticia es que los recuerdos musicales sí pueden trasmitirse con facilidad en un blog. En la segunda parte de este escrito trataremos de hacer un recuento de música eclesial comúnmente usada en Cuba, con sus vínculos a versiones en Internet dondequiera que sea posible. Volveremos pronto...

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