10 de abril de 2011

COMO UN ANGEL DE DIOS

Con mucho placer compartimos hoy un relato que nos ha mandado Bartolo Ugalde Ramírez desde Cuba (Parroquia La Purísma de Manzanillo). ¡Muchas gracias, Bartolo, por contribuir al blog!


A nuestro Papa…Juan Pablo II

6 de abril de 2011

REFLEXIONES SOBRE LA PASTORAL JUVENIL EN CUBA, SEGUNDA PARTE

En la primera parte de una serie sobre la Pastoral Juvenil (PJ) en Cuba, a manera de introducción, recorrimos algunas condiciones políticas, sociales y económicas que han marcado a los jóvenes del país durante el último cuarto de siglo. Ahora nos enfocaremos en los desafíos eclesiales del trabajo con la PJ. En futuras entregas comentaremos sobre experiencias personales del trabajo con los jóvenes. 

Queremos aclarar que los datos que siguen se basan en la experiencia de Jose con la PJ de Manzanillo entre 1993 y 2005 (y en menor medida también en su participación con el equipo diocesano por esas mismas fechas). Obviamente esto no representa la realidad nacional, ni tampoco abarca lo sucedido en los últimos 6 años en Cuba. Por tanto, algunas situaciones pueden estar desactualizadas o superadas. Pero quizás parte de las ideas expresadas tienen validez todavía. Juzguen por Uds. mismos.

En los grupos de PJ apenas 20% de los jóvenes venía a la Iglesia desde pequeño, y más de dos tercios comenzaron a asistir en los últimos 5–10 años. Un alto porcentaje proviene de hogares divididos, con padres divorciados, y la mayoría de sus  familias no asiste a la Iglesia. Tres de cada cuatro han experimentado estar becados de una u otra forma. Un tercio ha cursado estudios universitarios (probablemente en la actualidad la proporción sea mayor a raíz de la “universalización de la enseñanza” de los últimos años). Muchos tienen familiares o amigos en el extranjero, y la mayoría quiere irse del país, por cualquier vía posible. La proporción de jóvenes sin estudiar ni trabajar oscila entre 20-30 %; aunque esto es muy dinámico, porque constantemente hay quienes consiguen un trabajo o estudio, y otros que pierden o abandonan lo que tenían.

La mayoría asisten a misa dominical, aunque no prestan mucha atención y es poco probable que VIVAN la Eucaristía (para ser justos: sería interesante analizar qué proporción de adultos hace lo mismo en nuestras Iglesias, a lo mejor en esto son iguales a los jóvenes). Menos de un 20 % está comprometido con alguna pastoral (en su mayoría catequesis de niños y adolescentes, y misioneros), aunque muchos muestran disposición por ayudar en algo. Respecto a sus conocimientos eclesiales, más del 80 % no sabe lo que fue el ENEC, y no ha leído nunca “El amor todo lo espera” ni ningún otro documento episcopal cubano importante. La mayoría conoció del mensaje que Juan Pablo II dejó a los jóvenes (básicamente porque en esa época se realizaron muchos encuentros sobre la visita papal a Cuba), pero probablemente pocos recuerden de qué trataba. En general hay un grado significativo de desconocimiento sobre la historia más reciente de la Iglesia (¡esa historia que coincide con sus años de vida!). Las nociones sobre Catequesis, Moral Cristiana, Biblia (por no hablar de Teología, Filosofía, Doctrina Social, etc.) son rudimentarias, cuando no erróneas.

Al analizar el trabajo de la PJ en su conjunto es evidente el gran avance que ha experimentado en los últimos años. Una mirada atrás (del ENEC hacia acá) habla por sí sola del interés, esfuerzo, recursos y amor que se han invertido con entusiasmo y entrega por y para los jóvenes. La PJ está organizada y estructurada en el ámbito nacional, con objetivos, metas y propósitos claramente definidos. Existen valiosos materiales disponibles (escritos y audiovisuales), algunos elaborados en Cuba y con lenguaje apropiado a nuestro contexto. Hay muy buenos sacerdotes y monjas trabajando en o para la PJ, algunos de notables talentos y capacidades. Igualmente hay numerosos laicos y jóvenes comprometidos de lleno como animadores de la PJ.

También se reconoce en las parroquias que la PJ es importante. Los jóvenes son el futuro de la Iglesia, y la Iglesia del futuro. Sin embargo, muchos consideran la PJ como algo de no mucho éxito, quizás porque “no se palpan” resultados a corto o mediano plazos. Se invierten muchos recursos humanos y materiales, se trabaja duro, pero muchas veces los jóvenes no responden como se esperaría. La proporción que persevera entre el total que se acerca a la PJ es baja y aún ésos que permanecen no necesariamente se comprometen activamente en la comunidad.

Sin embargo, sólo Dios sabe cuánto bien ha hecho la  PJ en Cuba. Sólo Él sabe lo que queda en el corazón de cada uno de esos jóvenes que pasan por la PJ y siguen de largo. Nosotros somos sólo sembradores, y a Dios corresponde decidir dónde, cuándo y cómo germinarán las semillas, y quiénes recogerán sus frutos. En el campo espiritual es inapropiada cualquier comparación que evalúe solamente desde una perspectiva  de “esfuerzos–resultados”. Pero, claramente, hay siempre aspectos a mejorar. Lo que sigue es una valoración crítica de qué pudiera cambiarse en la PJ en Cuba.

Aunque la PJ está bien organizada a niveles “supracomunitarios” (vicarial, diocesana, nacionalmente), quizás se descuida algo el nivel más importante: la base. Poco importa cuán brillantemente formulados estén objetivos y metas; cuán excepcionales sean los asesores; cuántas reuniones organizativas preparen los equipos directivos... Al joven “de a pie” no le importa tanto saber cuál es el obispo asesor nacional de la PJ o quién es el sacerdote encargado en la diócesis. Más bien le importa que sus asesores y animadores comunitarios estén cercanos física y sentimentalmente; que les pueda confiar los problemas que le agobian y que pueda encontrar respuestas que le ayuden en su vida; que se sienta querido y acogido en el grupo.

Otro aspecto vital es la formación que se les brinda en la Iglesia. Los jóvenes actuales han vivido en un entorno cambiante, donde lo que era malo ayer, hoy es bueno (y mañana ¿quién sabe?). Muchos fueron arrancados de sus hogares a edades tempranas y crecieron lejos, entre valores morales cuestionables. Desarraigados, decepcionados, incrédulos hacia el futuro, que parece incierto; con poca o errónea cultura religiosa; indisciplinados, mal educados, sin hábito de escuchar al que habla...

Desgraciadamente muchas veces estas realidades no se toman en cuenta plenamente al preparar los encuentros. Es necesario “bajar” para escuchar sus criterios, vivencias, angustias y desafíos. Y explicar las posiciones de la Iglesia desde una óptica “no condenatoria”, ofrecer el mensaje enriquecedor de Jesucristo adecuado al contexto que ellos viven. Es crítico proporcionarles opciones y modelos reales, concretos, creíbles, para vivir como cristianos en el mundo actual. Cuando se descuida la manera de dirigirse a los jóvenes, puede suceder que ellos se distancien de la Iglesia.

Igualmente imprescindible es tratar de vincular al joven con algún compromiso comunitario, para que pueda EXPERIMENTAR (y no solamente  CONOCER) el cambio de vida que necesita  toda conversión y camino hacia la fe en Jesús. Es verdad que lo jóvenes suelen ser inconstantes en sus responsabilidades, cuando no se niegan a asumirlas. Pero esto no nos exime de seguir proporcionándoles opciones. En este sentido sería muy útil que otras pastorales se volcaran más hacia la PJ, un tema sin dudas polémico. Sin embargo, muchas pastorales tienen bastante campo para los jóvenes. Y la experiencia demuestra que cada vez que se vinculan, hay beneficios mutuos y un mayor sentimiento de comunidad en la Iglesia. Además de la ganancia que supone contar su entusiasmo, energía y entrega.

El tema “vocacional” entre los jóvenes se ha tocado siempre de forma deficiente en la PJ, y lo poco que se habla se enfoca solamente a la opción para la vida religiosa. Esto se traduce a la “captación de jóvenes prospectos”, que se preparan en especiales encuentros y retiros “vocacionales”. El trato no cuidadoso de esta realidad lleva a cierto distanciamiento entre éstos “vocacionables” (como se les llama) y los demás jóvenes, con consecuencias no siempre favorables. Preparar para el matrimonio (o para vivir un noviazgo, o  para discernir qué carrera o estudio seguir en el futuro) son también temas “vocacionales”, aunque la preparación para este tipo de vocación usualmente se descuida o en el peor de los casos se ignora. En este sentido la Pastoral Familiar, en conjunto con la PJ, podría ocuparse un poco más del seguimiento, formación y preparación de los novios; y, además, utilizar la no despreciable fuerza del ejemplo de amor y entrega que proporcionan nuestros matrimonios y familias cristianas. Porque pretender que nuestros jóvenes vivan noviazgos serios, constituyan en el futuro matrimonios ejemplares, se sientan realizados profesionalmente en sus trabajos, etc., sin darles ninguna preparación ni acompañamiento previo, es ingenuo.

Otro punto vital, increíblemente descuidado muchas veces, es la vida  espiritual de los jóvenes. ¿Cómo pretender que cambien sus vidas (actitudes y comportamientos) si no se les ofrecen suficientes espacios para el desarrollo de su espiritualidad? ¿Cuándo INTERIORIZAREMOS (y actuaremos en consecuencia) de que sólo la EXPERIENCIA de una relación profunda con Jesús es la que puede TRANSFORMAR las vidas de las personas, y no la cantidad de actividades que seamos capaces de realizar? Este descuido se palpa en la falta de promoción de momentos para la vivencia personal, íntima y vivificante de Dios (sea un grupo de oración, rezo del Rosario antes de la Misa, visitas al Santísimo, invitación a la oración en la vida diaria, fomento de cualquier devoción, retiros, celebraciones penitenciales, etc.). Recordemos que nadie aprende solo. Hay que aumentar cuantitativa y cualitativamente los momentos que se dedican a la oración en la PJ, especialmente la oración personal.

También es importante la frecuencia con que los jóvenes se encuentran en la Iglesia (usualmente una vez por semana, más la misa dominical). Es muy difícil que alguien pueda influir en la vida de alguien si sólo los ve un par de horas a la semana. Las buenas, al igual que las malas influencias son, sobre todo, cuestión de tiempo. Aunque es muy difícil preparar más de un encuentro formativo semanal, no lo es tanto el promover que los jóvenes frecuenten más la Iglesia como grupo. Puede ser para jugar, escuchar música, ver videos, conversar. Que el encontrarse en la Iglesia con cualquier pretexto sea algo que motive, impulse y anime a la PJ. Esto también es formación, y es promover otras influencias además de las de la calle. Aún mejor sería lograr que los propios jóvenes sean los responsables de estos encuentros, si se logra interesarlos en los mismos y crearles un sentido de pertenencia a la Iglesia como grupo, ya se estará caminando seria y positivamente en el mejoramiento de la PJ.

En cuanto a la participación de los sacerdotes, es útil destacar que ni el trabajo de laicos o religiosas, aún siendo ejemplos de entrega y dedicación, puede suplir su labor. A veces parece que con tanto trabajo pastoral y tantos desafíos apremiantes, los sacerdotes se ven agobiados y sin tanto tiempo disponible para los jóvenes como antes. Y que conste que no es lo mismo “estar cerca de la PJ” a “estar cerca de los jóvenes”. Vienen a la mente San Juan Bosco y el Padre Félix Varela. En una época en que la juventud corría grave peligro, Don Bosco fue especialmente sensible a su situación y les consagró su vida y muchos talentos; no en balde Juan Pablo II lo nombró “Padre y Maestro de la Juventud”. El Padre Varela también dedicó grandes esfuerzos a formar y acompañar los jóvenes de su época; y después, lejos de Cuba (y de sus jóvenes) se lamentaba con una frase llena de hondo cariño y profunda confianza: ”...diles que ellos son la dulce esperanza de la Patria...”

Precisamente porque son la esperanza de la Patria y de la Iglesia deberíamos dedicarles más tiempo y corazón a los jóvenes. Ojalá y no sea demasiado tarde.

25 de marzo de 2011

UTILIDAD DE NUESTROS ESFUERZOS

En este tiempo de Cuaresma nos parece buena la  una oportunidad para reflexionar sobre las cosas que importan en nuestra vida, y sobre la verdadera utilidad de nuestros esfuerzos. Cuando uno mira con la perspectiva y profundad suficientes, la inmensa mayoría de las cosas que nos preocupan y ocupan nuestro tiempo son irrelevantes. Irrelevantes en tiempo y espacio. Un ejemplo basta: lo que estamos escribiendo hoy en el blog casi con total seguridad será completamente irrelevante dentro de 10 años. Y es irrelevante desde ahora mismo para los millones de personas agobiadas en este mismo momento con muchas otras prioridades. Y dentro de 5000 millones de años, blogs, personas, planetas y soles también serán irrelevantes. No nos engañemos: somos una gota minúscula en un océano infinito de complejidad y posibilidades. No somos nada. Ninguno. En ningún momento. Para ninguna cosa. Somos nada.

Bueno, pero qué trágico estamos hoy, dirán algunos. Otros más críticos dirán: no tienen nada que escribir y ahora se dedican a ciencia ficción de la mala. Y esto es entre los poquísimos lectores que tenemos: la mayoría de la humanidad ni siquiera se enterará de este insignificante comentario porque este blog de por sí es irrelevante –desde cualquier lado que se le mire.
Pero no estamos de trágicos. Ni estamos escribiendo ciencia ficción. Ni se nos han acabado los temas todavía (aunque ciertamente algún día, más temprano que tarde, se nos acabarán y entonces se acabará el blog… como todo en esta vida). Estamos solamente invitándoles a reflexionar sobre la inutilidad de la mayoría de nuestros esfuerzos –como el que nos está ocupando en este mismo momento.
Y, sin embargo, es importante que hagamos cosas. No porque sean importantes en sí mismas. Ni porque nosotros mismos seamos los importantes. Es importante que hagamos cosas porque es nuestra (PEQUEÑISIMA) contribución al Reino de Dios. Y cada uno está invitado por Dios mismo a poner su (PEQUEÑISIMO) granito de arena. Solo por eso es importante. Solo por eso vale la pena.
Claro, en concreto qué vamos a hacer cada uno de nosotros es ya, en sí misma, una pregunta bien grande. Desgraciadamente no tenemos respuestas (¡ni siquiera para nosotros mismos!). Este no es un blog de clarividencia, ni de consejeros, sicólogos o gurus de esos que dicen saber cómo hacer que nuestras vidas funcionen.
Pero siempre hay una línea sencilla a seguir: tratemos de hacer buenas obras. Tratemos de que nuestro (EFIMERO) paso por este mundo deje alguna huella de bien en la vida de alguna otra persona. Que cada día –¡si podemos!- nos esforcemos en hacer algo bueno a alguien, aunque sea bien pequeño. Si pensamos un poquito, siempre hay oportunidades, de diario, para hacer algo bueno.
Y, aunque la vida en este planeta acabe, aunque el sol desaparezca, aunque el Universo termine (pueden añadirse aquí más metáforas apocalípticas), hay una VERDAD que no cambiará: DIOS. Dios no pasa, no cambia, no se vuelve irrelevante. Y, para él, nosotros tampoco somos irrelevantes. Ni las buenas obras que hagamos en nuestras vidas.
Aquí radican (deberían radicar) nuestras verdaderas motivaciones para esforzarnos en la vida. Sólo así estaremos plenamente conscientes de esta incomprensible paradoja: lo inútil de nuestros esfuerzos pero a la misma vez la necesidad de que los realicemos. No somos nada. Pero a la vez lo somos todo. Somos todo con Dios. Somos todo en Dios. Y somos todo cuando nos esforzamos por y para nuestros hermanos. Sólo ahí hay trascendencia, intemporalidad, infinitud. Lo demás es irrelevante. Como este escrito.
Que este tiempo de Cuaresma nos ayude a interiorizar los desafíos y esfuerzos en nuestro caminar cotidiano. 

22 de marzo de 2011

VISITANDO ENFERMOS

Cuando niño me llamaba la atención como, después de la misa, algunas personas se acercaban al sacerdote, que les daba unas hostias que ellos colocaban con respeto en unos “cofrecitos” pequeños. Eran los “ministros de la Eucaristía”, que después de la celebración dominical salían a repartir comuniones a enfermos y personas impedidas de asistir al templo. Como niño no entendía muy bien qué era aquello, ni la importancia de visitar a los enfermos. Gracias a Dios crecí en una familia sana donde los incidentes médicos durante mi niñez se podían contar con los dedos de una mano, y por eso la realidad de los enfermos e incapacitados no me era algo conocido o cercano. 

Pasarían los años, y como a todos, la vida traería estas experiencias a un plano más personal. Entonces entendí la hermosa labor de visitar a los enfermos, conversar con ellos, llevarles la Eucaristía y rezar juntos. Y admiré a estas personas que, muchas veces anónimamente, dedicaban su tiempo para llegar a aquellos que no podían venir a la Iglesia. A mi mente vienen ahora muchos nombres de mi comunidad del Carmen, y seguro que quien lea este comentario también tendrá sus personales recuerdos de esos visitadores y ministros eucarísticos. A fin de cuentas esta es una de las obras de misericordia mencionadas en la Biblia, una de esas formas sencillas pero importantes de amar al prójimo.

18 de marzo de 2011

IMPRESIONES DIVERSAS DESDE UN LUGAR DIFERENTE

Por razones de trabajo me encuentro en Auckland, Nueva Zelanda (y Tere y Ana están en Cuba, por eso no hemos podido poner muchos más comentarios en el blog). El hotel donde me hospedo está a sólo dos cuadras de la Catedral St. Patrick and St. Joseph, así que en las mañanas aprovecho para ir a misa de 7 am allí antes de seguir para la Colección Nacional de Insectos de Nueva Zelanda, la institución que me ha invitado. Esta posibilidad de asistir a misas temprano, a primera hora del día, es una oportunidad que se agradece y valora. A mí me recuerda cuando, siendo estudiante de primaria en Santa Clara, a veces hacíamos lo mismo en la Iglesia del Carmen, pues nuestra casa en ese entonces quedaba a menos de media cuadra del templo. Y, a pesar de lo diferentes que son la Santa Clara de principios de los 80 del pasado siglo y el Auckland del 2011, hay muchas cosas en común entre ambas celebraciones.

En primer lugar, están esa oscuridad y silencio comunes al inicio del día. Todavía no ha salido el sol, ni el tráfico (en Auckland) o el ruido de la ciudad que se despierta (ambas ciudades) han alcanzado los niveles que tendrán más tarde, en plena hora pico (“rush hour” en Inglés). El templo invita a la contemplación y la paz espiritual, y uno puede verlo y sentirlo en cada persona que está allí. La misa es, por fuerza, breve, ante el apuro de seguir con las tareas del día. Pero la celebración se vive intensamente, se disfruta muchísimo. Es como un alto, un coger aire antes de sumergirse en la vorágine cotidiana que sigue.

13 de marzo de 2011

COMPARTIENDO RIQUEZAS: LA ESTACIÓN DE DIOS

Esta primera semana de Cuaresma, en nuestra parroquia del Carmen en Ottawa, han invitado a un sacerdote a predicar tres días como preparación para la Pascua. Es siempre una buena opción el poder escuchar alguien diferente, que trae perspectivas distintas y en cierta medida refresca la rutina semanal de la parroquia. En su primera misa con nosotros, el sacerdote mencionó una metáfora que queremos compartir con los lectores de este blog. Dijo el padre: “Dios es como una estación de radio, que siempre está trasmitiendo su programación, las 24 horas del día, todos los días. Nosotros no siempre sintonizamos la radio, pero ella (en este caso: Dios) siempre está en el aire, esperando que nosotros hagamos tiempo para escucharla.”

A veces una idea, aunque sea simple o breve, conlleva una riqueza tremenda, que permite muchos análisis y reflexiones diferentes. Siguiendo el hilo de la metáfora del sacerdote: a veces no es que no sintonicemos “la radio”, sino que la tenemos encendida pero no le prestamos atención. O tenemos otras “emisoras” sintonizadas a la misma vez, compitiendo por nuestro tiempo y atención. O simplemente no nos importa…

7 de marzo de 2011

Homenaje a las Monjas

En cualquier celebración significativa de la Iglesia la atención de los presentes se concentra usualmente en los sacerdotes y obispos que presiden la misma. Todo el mundo gira sus cabezas para ver cómo entran en procesión por la nave central, y se siguen con atención las ceremonias que continúan: incienso alrededor del altar, proclamación del Evangelio, homilía, ritos eucarísticos, etc., hasta llegar a la conclusión de la Misa. Nuevamente la multitud se centra en la procesión de salida, y al terminar la celebración muchos se apuran a saludar o conversar con las importantes figuras que han presidido el momento. 

Ciertamente la jerarquía acapara mucha atención de los medios de prensa, de los críticos y de los defensores de la Iglesia, de las “personas comunes y corrientes” que asisten... De hecho, existe la tendencia a confundir (¿simplificar?) a la Iglesia exclusivamente con su liderazgo. Es la fascinación congénita del ser humano hacia las cosas y personas "importantes", "famosas". Claro: igual pasa fuera de los ámbitos eclesiales, con deportistas, artistas, políticos y expertos de todo tipo. En cualquier situación o circunstancia de la vida nos fascinan los líderes de cualquier cosa... 


En muchas de estas misas importantes no nos detenemos a observar otras figuras, que se encuentran mucho más desplazadas de la atención y el boom publicitario. Hay muchas otras personas importantes para la Iglesia que -voluntaria o involuntariamente- pasan desapercibidas. En uno de los primeros comentarios de este blog escribimos acerca de las ancianas que mantuvieron la Iglesia cubana durante los difíciles años de persecución religiosa en el país (http://venconnosotrosacaminar.blogspot.com/2010/12/monumento-al-soldado-desconocido-de-la.html). Hoy queremos igualmente rendir homenaje a otra figura clave en la labor de la Iglesia en Cuba y -nos atreveríamos a decir- en la labor de la Iglesia universal: las monjas.

2 de marzo de 2011

ECUMENISMO SIN FRONTERAS EN LA UNIVERSIDAD DE ORIENTE

Cuando yo empecé mis estudios universitarios en Santiago de Cuba, los católicos éramos una verdadera minoría, y nos podíamos contar con los dedos de una mano. No es una metáfora ni una exageración: en Septiembre de 1989 habíamos cuatro católicos en la beca de Quintero, perteneciente a la Universidad de Oriente. Ese centro de estudios tenía entonces –de acuerdo a los datos que nos dijeron en la primera semana del curso- unos dos mil estudiantes. Entre ellos, y representando apenas 0.2 %, estábamos nosotros: Tere, de Manzanillo, estudiando el 5to año de Farmacia; Caco, de Las Tunas, estudiando Química (su nombre real era Armando, pero todo el mundo lo conocía por ese apodo); Castor, de Camagüey, estudiando el 1er año de Matemáticas; y yo, de Santa Clara, comenzando en Biología. 

Sobra decir que las relaciones entre nosotros eran como de hermanos, al ser tan pocos nos conocíamos bien y compartíamos muchas experiencias. Juntos asistíamos al grupo de jóvenes universitarios de la ciudad de Santiago de Cuba (que incluía estudiantes de los demás centros universitarios de la ciudad, en total seríamos cerca de una veintena o cosa así). Juntos participábamos de Convivencias, Retiros, Pascuas Juveniles, paseos. Juntos discutíamos muchísimo (especialmente Castor y yo… pero ésa es otra historia). La vida siguió su rumbo más allá de la Universidad, pero de alguna manera todos seguimos juntos. Tere y yo nos hicimos novios en Santiago, y luego al casarnos le pedimos a Caco y Castor que fueran testigos de nuestra boda. Castor no pudo venir –por esas “cosas” del transporte en 1993- pero pocos años después, siendo sacerdote, visitó Manzanillo y bendijo nuestra casa. Hace años que no tenemos noticias directas de Caco y Castor, pero, dondequiera que estén y cualquiera que sea su vida, desde aquí les mandamos un abrazo.