24 de noviembre de 2011

El Mejor Momento para Rezar el Angelus

Recuerdo que de niño, en Santa Clara, las diferentes iglesias acostumbraban a tocar las campanas al mediodía, recordando e invitando al rezo del Angelus. En una sociedad que se definía por un completo rechazo a la religión, me pregunto cuántas personas sabrían qué significaban aquellas campanadas a mitad del día, justo antes de la hora de almuerzo, en el pico del calor y sol tropical cubanos.
El Angelus, cuadro del pintor francés Jean F. Millet, siglo XIX.

Nosotros vivíamos bien cerca de nuestra parroquia del Carmen, por tanto si estábamos en la casa, escuchábamos con claridad el repicar de las campanas. "El Angel del Señor anunció a María", tocaba la primera. "Y concibió por obra del Espíritu Santo", continuaba la segunda. Luego de un instante de silencio, se sucedían entonces una letanía de toques mientras el campanero recitaba mentalmente un Ave María. Otro par de segundos de reposo y empezaba el mismo ciclo, esta vez con la segunda estrofa: "He aquí la esclava del Señor", "Hágase en mi según su palabra". Y, después del breve silencio al terminar el segundo Ave María, se sucedía la tercera estrofa: "Y el Verbo se hizo hombre", "Y habitó entre nosotros". Continuaba la oración con los dos toques de campana de la invocación final: "Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios", "Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo, Amén".  Y el último toque marcaba la oración conclusiva.

De alguna forma, la costumbre quedó marcada en mi mente. Y aunque no rece el Angelus de diario, sí lo hago frecuentemente. Aún cuando la vida me llevó a otras ciudades y lugares donde ya no se escuchaba la invitación de las campanas de la Iglesia. Pero se volvió como un hábito. Especialmente durante el Adviento, que siempre me ha parecido el momento más especial para rezarlo. 

Y como precisamente estamos empezando el Adviento ahora, qué mejor momento para traer el tema al blog. Y para invitar a los lectores a esta sencilla oración, que toma menos de 5 minutos, pero que recorre los trascendentales momentos de la llegada de Dios a la historia humana en la persona de Jesús. Qué mejor momento para recordar y meditar en la presencia, grandeza e importancia de la Virgen María en estos acontecimientos. 

Qué mejor momento para pedirle a Dios que derrame su gracia en nuestros corazones (como dice la oración final del Angelus). Para que quienes hemos conocido la encarnación de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por los méritos de su Pasión y Cruz seamos llevados a la Gloria de la Resurrección (como termina dicha oración). 

Es evidente que el Angelus no necesita más explicaciones o comentarios eruditos, el sólo hecho de rezarlo nos transporta a un camino de oración y meditación. Por sí mismo. Es la grandeza y sencillez, a la vez, de esta práctica cristiana.
Así que, en realidad, el mejor momento para rezar el Angelus es cada vez que podamos. Cada vez que nos acordemos. Cada vez que queramos. No hay restricciones, ni cuotas que alcanzar o que cumplir aquí. Sólo dejémonos llevar y llenar por esta pequeña oración del Adviento y de siempre.

4 comentarios:

LUZ DE MARIA PARA AS NAÇÕES dijo...

Congratulations!
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Tere y Jose dijo...

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Tere and Jose

Abby dijo...

Y rezar el Angelus nos lleva a encontrar a María caminando, luego de este momento tan precioso de su vida, para ayudar a su prima Isabel que estaba esperando el nacimiento de Juan. ¡Cuánta riqueza, cuánta gracia! Y, como bien dicen, con una oración que solo toma unos pocos minutos. ¡Dios es grande! ¡Bendita Nuestra Madre la Virgen, tan llena de Gracia!

Tere y Jose dijo...

Gracias, Abby, por tu apoyo y comentarios constantes. ¡Y feliz Adviento y Navidad!